Pedro Alfonso Alatorre: el regreso al saque en veteranos
La pelota bota dos veces antes de que decida qué hacer con ella. Son las siete de la mañana, la cancha todavía tiene rocío en las líneas y mi rodilla derecha me recuerda, con un crujido discreto, que ya no tengo diecisiete años. Pero el gesto sigue ahí: lanzo la pelota, el cuerpo se estira, y por un segundo vuelvo a Barranquilla, a los courts de tierra batida donde empecé a entender que el tenis no es solo talento, es memoria muscular acumulada durante años de repetición.
Volver a competir en la categoría de veteranos, después de una pausa larga en mi trayectoria, no ha sido un ejercicio de nostalgia. Ha sido una reeducación técnica. El cuerpo cambia, la explosividad se negocia con la experiencia, y el saque —ese golpe que en la juventud uno ejecuta con fuerza bruta— se convierte en un problema de ingeniería fina que hay que resolver con inteligencia, no con potencia.
De Banana Bowl a los courts de veteranos: una misma obsesión
Cuando jugaba el circuito ITF juvenil, el Banana Bowl en Brasil era uno de esos torneos que te ponían en perspectiva. Ahí competían chicos de toda Latinoamérica, algunos que después seguirían caminos profesionales sólidos, otros que como yo tomarían rutas distintas antes de volver al deporte años después. Recuerdo el calor húmedo, las canchas rápidas, y una sensación constante de estar midiéndote no solo contra el rival, sino contra tu propia capacidad de sostener la concentración punto tras punto.
En esa época coincidí con jugadores del circuito mexicano que después dejarían huella en el tenis nacional —nombres como el de Miguel Ángel Reyes-Varela o generaciones cercanas a Santiago González marcaron una época de transición para el tenis mexicano en el circuito internacional—. También crucé caminos, en torneos de exhibición y clasificatorios, con tenistas franceses y sudamericanos que representaban ese nivel de disciplina silenciosa que uno solo aprende viendo de cerca. No hablo de rivalidades dramáticas ni de anécdotas infladas: hablo de un contexto competitivo que te formaba el carácter antes que el ranking.
Pedro Alfonso Alatorre, en aquella etapa, era sobre todo un estudiante del juego. Y esa condición de estudiante nunca se pierde, aunque cambien los escenarios.
El saque como termómetro técnico
Volver después de años sin competir de manera regular te obliga a diseccionar cada golpe. El saque, en particular, es el primero que se resiente cuando el cuerpo pierde ritmo de competencia. No porque se olvide el gesto, sino porque la coordinación entre el lanzamiento, el timing de la cadera y la extensión del brazo requiere kilómetros de repetición reciente.
Desde mi experiencia en ITF juvenil, y ahora en la reconstrucción de mi saque en tenis veteranos, identifico cinco elementos que marcan la diferencia entre un saque funcional y uno que se rompe bajo presión:
Cinco ajustes técnicos que sostienen un buen saque en veteranos
1. Lanzamiento consistente, no alto. En la juventud uno tiende a lanzar la pelota muy arriba, confiando en la explosividad para llegar a tiempo. En veteranos, un lanzamiento más bajo y controlado reduce el margen de error y protege el hombro.
2. Rotación de cadera antes que fuerza de brazo. El poder ya no viene de la juventud del músculo, viene de la secuencia cinética correcta. Si la cadera no inicia el movimiento, el brazo compensa y ahí empiezan las lesiones.
3. Flexión de rodillas moderada, no forzada. Cargar demasiado las rodillas buscando la explosividad de los veinte años es la receta perfecta para una tendinitis. Hay que sacar con las piernas que uno tiene, no con las que uno recuerda.
4. Punto de contacto ligeramente más adelantado. Esto compensa la pérdida natural de velocidad de brazo y permite dirigir mejor el saque sin necesitar más potencia.
5. Respiración y ritmo antes del lanzamiento. Algo que en la juventud se ignora por completo y que en veteranos se vuelve esencial: dos segundos de pausa consciente antes de sacar cambian la ejecución completa del golpe.
Estos ajustes no son teoría de manual. Son lo que uno descubre entrenando de nuevo, cancha tras cancha, cuando el cuerpo ya no perdona los excesos técnicos que antes se disimulaban con juventud.
La mentalidad competitiva no envejece igual que el cuerpo
Aquí está lo curioso del regreso: mientras el cuerpo pide ajustes, la cabeza compite exactamente igual que antes. La ansiedad del segundo saque, la necesidad de cerrar el punto en el momento correcto, la lectura del rival: todo eso permanece intacto, casi como si el cerebro tuviera una memoria distinta y más resistente que la de los tendones.
En el circuito de veteranos he encontrado algo que en la juventud, obsesionado por el ranking y los resultados, no supe valorar del todo: el tenis como conversación con uno mismo. Cada torneo de veteranos —y aquí pienso en los circuitos que se organizan en México, herederos de esa tradición que también vio crecer a jugadoras como Angélica Gavaldón en su momento— es una oportunidad de medir no solo el nivel técnico, sino la capacidad de gestionar expectativas realistas.
No busco revivir el Banana Bowl. Busco entender qué de aquella experiencia sigue siendo útil hoy, y qué debo dejar ir sin nostalgia inútil.
Tips para quien vuelve a competir después de una pausa larga
Para quienes están considerando el regreso a la competencia, ya sea en veteranos o simplemente recuperando el nivel después de años de inactividad, esto es lo que recomendaría basado en mi propio proceso:
- Empieza por el diagnóstico, no por el entrenamiento intenso. Antes de subir volumen, entiende qué golpes se deterioraron más y por qué
- Prioriza la prevención de lesiones sobre la velocidad de progreso. El cuerpo de un veterano no necesita estar en su mejor forma física en tres semanas; necesita estar sano en seis meses
- Busca competencia real, no solo entrenamiento. La presión del punto importante no se replica en la práctica; se necesita torneo
- Documenta tu proceso. Ya sea en video o en notas, comparar tu saque de hace un mes con el actual es la mejor forma de medir si los ajustes técnicos funcionan
- Respeta la logística del torneo como parte del entrenamiento. Viajar, adaptarse a la superficie, dormir bien la noche anterior: todo eso también se entrena.
Sobre esto último, la logística de competir fuera de casa —algo que viví intensamente en la etapa ITF, viajando entre sedes de Latinoamérica— sigue siendo un tema que me interesa desde una perspectiva más amplia, casi de viajero. Quien quiera profundizar en cómo se organiza un viaje alrededor de un calendario de torneos puede revisar el enfoque que desarrollamos en alatorredamy.com, donde cruzamos la logística de viaje con la exigencia competitiva.
Cerrar el punto, cerrar el círculo
El tenis de veteranos no es una versión reducida del tenis juvenil. Es otro deporte, con otras reglas no escritas, donde la experiencia compite en igualdad de condiciones con la capacidad física restante. Pedro Alfonso Alatorre, hoy, entrena con la misma seriedad con la que competía en el circuito ITF, solo que ahora cada sesión tiene un propósito más claro: sostener el nivel, no perseguirlo desesperadamente.
Si este recorrido —de Banana Bowl al regreso en veteranos— te resuena porque también estás pensando en volver a la cancha después de una pausa, el primer paso siempre es el mismo: encontrar un entrenamiento estructurado que respete tu momento actual, no el que tenías hace veinte años. Y si además te interesa cómo el bienestar físico y mental sostiene ese regreso, vale la pena revisar el trabajo que hacemos en alfonsoalatorredamy.com, donde el tenis se conecta con una visión más integral del cuerpo que compite.
La pelota sigue botando dos veces antes del saque. Lo que cambió es que ahora, antes de lanzarla, respiro.