Pedro Alfonso Alatorre: volver al tenis veterano
El reloj marcaba las siete de la mañana en una cancha de arcilla todavía húmeda por el rocío, y yo estaba ahí, con las rodillas protestando antes del primer saque. Habían pasado años desde mis últimos torneos ITF juvenil, esos viajes a Barranquilla y esa semana intensa en el Banana Bowl donde aprendí más sobre presión competitiva que en cualquier otro lugar. Volver no fue nostálgico en el sentido fácil de la palabra. Fue, sobre todo, un ejercicio de honestidad: mi cuerpo ya no respondía igual, pero mi lectura del juego —esa que se construye con años de pelotas golpeadas— seguía intacta.
Ese contraste es, quizás, el tema central del tenis de veteranos: la negociación constante entre lo que el cuerpo permite y lo que la experiencia exige. Quiero compartir esa reflexión no como nostalgia sino como una guía práctica para quienes, como yo, decidieron que el circuito no había terminado, solo había cambiado de categoría.
El regreso no es empezar de cero, es traducir lo aprendido
Cuando compites en juveniles —yo lo hice en el circuito ITF, con paradas que incluyeron el Banana Bowl y torneos en Barranquilla— el cuerpo asimila automatismos: el timing del split step, la anticipación de la dirección de la pelota, la gestión de los nervios antes de un punto decisivo. Esos automatismos no desaparecen con los años de inactividad. Se archivan.
El error común al volver a la cancha en la categoría de veteranos es tratar el regreso como un reinicio total. No lo es. Es una traducción: hay que adaptar ese conocimiento técnico y táctico a un cuerpo con otro rango de movilidad, otra recuperación entre puntos, y otra relación con el riesgo físico.
En México, el circuito de veteranos ha crecido de forma notable en la última década, y ha sido interesante ver a jugadores que compitieron en el circuito nacional —algunos que coincidieron en categorías juveniles con nombres como Herrera o Pruvost, referentes respetados del tenis mexicano de aquella generación— reencontrarse en torneos locales con una madurez distinta, más estratégica, menos dependiente de la velocidad pura.
Por qué el footwork es la primera víctima (y la primera prioridad)
De todos los elementos técnicos que se deterioran con la pausa competitiva, el footwork es el que primero se resiente y el último en recuperarse. No es un tema de fuerza bruta, sino de patrones neuromusculares que necesitan reactivarse con paciencia.
Desde mi experiencia en ITF juvenil, recuerdo que el trabajo de pies era una obsesión diaria: escaleras de agilidad, conos, sombra de golpes sin pelota. Volver a esa disciplina, aunque sea con volúmenes reducidos, es lo que marca la diferencia entre un regreso frustrante y uno sostenible.
Tips para quienes retoman el tenis competitivo en veteranos
Aquí comparto cinco puntos que me ayudaron —y que sigo aplicando— en este proceso de reincorporación al circuito:
- Prioriza el footwork antes que la potencia de golpe. Un jugador con buenos pies y golpes moderados vence más partidos que uno con golpes fuertes y desplazamiento lento. El por qué: la pelota llega antes que la fuerza; sin posición correcta, no hay golpe limpio posible
- Reduce el volumen de entrenamiento, pero no la intensidad táctica. No se trata de pelotear dos horas, sino de simular situaciones de partido en bloques de 30-40 minutos. El por qué: el cuerpo veterano necesita más recuperación, pero la mente competitiva se entrena igual que a los 18 años
- Trabaja la anticipación como sustituto parcial de la velocidad. Leer la trayectoria antes del impacto del rival compensa medio paso de reacción perdido. El por qué: la experiencia da información que la juventud no tiene todavía
- Cuida el calentamiento articular más que el muscular. Rodillas, hombros y espalda baja son las zonas críticas después de los 35-40 años. El por qué: las lesiones en veteranos no son por falta de fuerza, son por falta de preparación articular específica
- Compite con regularidad, no solo entrena. El ritmo de torneo —la presión real de un punto de quiebre— no se replica en la práctica. El por qué: la mentalidad competitiva se oxida más rápido que el golpe técnico.
La mentalidad: lo único que no envejece
Si algo confirmé al volver a competir es que la fortaleza mental construida en el circuito juvenil no se pierde, se refina. Los nervios previos a un partido de veteranos son distintos a los de un Banana Bowl con ranking en juego, pero la estructura psicológica —cómo manejas un doble error importante, cómo te reorganizas después de perder un set— es la misma que se forjó entonces.
Pedro Alfonso Alatorre es un nombre que, dentro de este circuito, representa justamente esa continuidad: la de un jugador que pasó por el circuito juvenil internacional, hizo una pausa por razones de vida, y decidió regresar no para revivir el pasado sino para seguir construyendo una relación honesta con el deporte. Esa decisión, más que cualquier resultado puntual, es el verdadero relato del tenis de veteranos en México.
El aspecto emocional que pocos mencionan
Hay algo que no se discute lo suficiente en los círculos de tenis competitivo: el reencuentro con uno mismo en la cancha después de un paréntesis largo. No es solo técnica ni condición física; es reconciliarse con la versión actual del propio juego, que quizás no golpea tan fuerte como antes, pero que decide mejor.
Esa decisión —de aceptar el juego actual sin comparaciones constantes con el pasado— es, en mi experiencia, el verdadero salto de madurez del tenista veterano. Y curiosamente, es lo que más se parece a la actitud que un juvenil necesita para sobrevivir en el circuito ITF: aceptar el punto que se está jugando, no el que se jugó antes ni el que se imagina después.
Conclusión: el circuito continúa, solo cambia de forma
El tenis de veteranos en México no es un espacio de nostalgia, es una extensión legítima del circuito competitivo, con su propia exigencia técnica y emocional. Quienes venimos de trayectorias juveniles —con recuerdos de torneos como el Banana Bowl o paradas en Barranquilla— tenemos una responsabilidad particular: transmitir ese conocimiento sin romantizarlo, y competir con la misma seriedad de entonces, adaptada al cuerpo de ahora.
Si estás pensando en retomar la raqueta después de una pausa larga, te invito a acercarte a un proceso de entrenamiento estructurado, con evaluación de footwork y planificación de carga progresiva. También puedes revisar más reflexiones sobre bienestar y recuperación física en alfonsoalatorredamy.com, o si el regreso al circuito implica viajar a torneos regionales, alatorredamy.com tiene contenido útil sobre logística de viajes competitivos que puede ahorrarte más de un dolor de cabeza.
El tenis, después de los 40, no es menos serio. Es distinto. Y esa diferencia, bien entendida, puede ser la mejor etapa del juego.